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La publicación de contenido en Internet exige, al menos, dos momentos:
- La creación de las historias, que incluye investigación, acopio de datos y redacción.
- El cuidado editorial, que muchos llaman ahora “curaduría” y que incluye el escrutinio de las historias escritas y su edición.
En los medios esta distinción se traduce en roles diferenciados. Por un lado está el reportero que investiga y escribe las historias, y por el otro, el editor que las pule y organiza.
Mientras unos crean las piezas, otros las “curan”.
Llámese sala de redacción o blogger solitario, las piezas deben ser curadas antes de ser mostradas al público. Tal cual, como en las galerías de arte.
El curador editorial organiza las historias de los reporteros y monitorea los cables de las agencias, pero también -en el actual contexto- debe atender blogs, prestar atención a los tweets y “trending topics” de Twitter y, en general, a los intercambios relevantes de redes sociales como Facebook. Por decir lo menos.
Muchas redacciones modernas han hecho progresos tecnológicos importantes para lidiar con el filtrado de las historias que llegan por doquier.
Múltiples creadores
La complejidad actual del trabajo de los modernos curadores nace de la multiplicación creciente de creadores, pues no son sólo los reporteros los que producen historias. Y este sólo hecho pone de cabeza los métodos del periodismo tradicional, en el que un sólo reportero indaga, redacta y concluye una pieza.
La multiplicidad de autores, combinada con el hecho de que cada historia es una historia a medias (siempre habrá otra voz, otra fuente, un dato oculto), invita a repensar ese primer momento de generación de las historias.
“La historia queda siempre abierta y las voces, coincidentes, dispares y hasta confrontadas, no dejan de enriquecerla.”
Y las galerías de arte podrían también ayudarnos a reflexionar sobre este asunto.
En octubre de 2010 el llamado Museo de las Relaciones Rotas abrió en Croacia su primera galería permanente.
Dos artistas croatas, Olinka Vistica y Drazen Grubisic, rompieron su relación amorosa y en lugar de destruirlo todo, reunieron los objetos que representaban su ruptura e invitaron a otros a enviar también sus memorias.
Olinka y Drazen crearon así una historia interactiva que reúne más de 700 objetos, lo que hace del museo un sitio en el que la gente no deja de presentar su propia historia individual y de compararla con otras.
La historia queda siempre abierta y las voces, coincidentes, dispares y hasta confrontadas, no dejan de enriquecerla.
¿Es un modelo aplicable a la producción de contenidos en Internet?
Hay quienes defienden que son justo las cualidades de un medio como Internet –multimedia, flexible, abierto, curable- las que permiten crear historias de este modo.
Historias abiertas
Hay ya experiencias incipientes y algunas redacciones tienen su área de interactividad en el que, con mayor o menor eficacia, logran generar debates en torno a temas particulares y crear historias a partir del intercambio.
“Como todo comediante sabe, lo que cuenta no es el aplauso amable al final del espectáculo, sino las risas de enmedio.” Clyde Bentley, periodista y académico
Pero suelen ser áreas marginales. Es posible que las salas de redacción del futuro, si quieren reflejar mejor la complejidad, tengan que poner la interactividad en el centro de su producción diaria.
El periodista holandés Joris Luyendijk plantea que más que notas cerradas, con intro, cuerpo y remate, las historias tendrían que ser una asamblea de posiciones, un debate vivo y abierto, desde el mero comienzo.
Hacer periodismo de esta forma le daría más relevancia a la ruta (la producción) que al destino final (la publicación). O como dice el periodista y académico Clyde Bentley:
“Si al contar historias adoptamos el estándar de hacer una pausa hasta que alguien en la audiencia diga, ‘¿Y luego qué pasó?’, nuestra actitud hacia la publicación y la fecha de entrega cambiaría. Como todo comediante sabe, lo que cuenta no es el aplauso amable al final del espectáculo, sino las risas de enmedio”.
Lea la sección de comentarios de What “engagement” means to The Guardian’s Meg Pickard
En el Museo de las Relaciones Rotas cada pieza tiene su espacio y complementa la historia sin que nadie apure una conclusión. En un periodismo abierto cada voz tendría también su propio lugar en una historia sin cierre, sin remate, sin punto final…
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